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Lunes, 13 Julio 2015 12:18

Educando adultos educamos niños. Conducta, Juicio moral y situaciones. La visión particular del individuo.

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Dar por sentado que a priori, todo individuo que convive en sociedad interioriza con el paso del tiempo los preceptos que esta tiene o ha establecido como éticos y morales es posiblemente una de las debilidades que facilita una relajación o dejación de funciones en la educación de esa sociedad. Educar a los niños de forma transversal algunos conceptos morales esperando que con la adquisición de la edad adulta se asentarán e integrarán en su conducta es tal vez retornar a las primeras décadas del siglo XX en el que en el entorno de la psicología se debatía  sobre una serie de rasgos de personalidad, que aportaban un carácter moral al individuo por el cual, actuaban entre dos extremos de una línea entre el bien y el mal. Por entonces, Hartshorne y May realizaron entre 1928 y 1930 un ambicioso estudio sobre miles de niños y adolescentes, consistente en observar el momento en el que surgen virtudes como la honestidad, generosidad, altruismo y autocontrol. Además, querían comprobar la consistencia y estabilidad de dichas conductas en diferentes situaciones.

 Hartshorne y May programaron entornos y tareas en las que los niños observados no se verían comprometidos si robaban, mentían o engañaban. Se creaban escenarios en el que alcanzar el objetivo no estaba condicionado por el riesgo de ser visto y por tanto reprendido. Además los investigadores también comprobarían si aquellos niños que tuvieran un mayor conocimiento de códigos morales, generalmente religiosos, actuarían de una forma más virtuosa o al menos condicionados por esas enseñanzas morales, o dicho de otro modo, si el conocimiento de pautas morales condiciona la conducta moral.

El resultado mostró que no existía relación entre el conocimiento de códigos morales con las conductas morales. Tampoco pudieron contrastar que, a medida que los niños alcanzaban edades más maduras, seguían un patrón que les llevaba hacia conductas más virtuosas y no encontraron gran coherencia en la conducta y el comportamiento de los niños observados  frente a las diversas situaciones planteadas. Algunas de las prácticas propuestas por los investigadores eran al menos un tanto susceptibles de producir engaño por parte del niño pero estudios recientes mediante distintos procedimientos apuntan que sus inferencias no estaban lejos de las obtenidas en la actualidad como la poca coherencia en las medidas de algunas conductas englobadas dentro de la moralidad. Así, un sujeto puede puntuar alto en sinceridad y bajo en una medida de tentación o puede un niño dar muestras de honradez en una situación y no ser honrado en otras, puede mostrar altas dosis de cobardía en un entorno y ser muy valiente en otro. Es decir, no se obtiene correlaciones estadísticamente altas al comparar diferentes manifestaciones de una misma conducta moral ni hay consistencia entre el juicio y la conducta moral, por lo que la propia conducta moral es inestable y poco coherente. Esto llevó al mundo científico a aseverar que la mejor manera de estudiar la conducta moral es como resultado de respuestas específicas en situaciones y contextos concretos.

En la actualidad, parece evidente que la conducta moral se ve directamente relacionada con factores situacionales pero parece difícil poder crear el entorno adecuado para estudiar la conducta moral con un alto grado de fiabilidad si no consideramos el valor que le da cada sujeto, a cada situación, es decir, la interpretación que hace el sujeto, más allá de la estimada por el observador. Bien para la investigación científica.

Pero desde el punto de vista educacional, esto relaciona directamente a aquellas personas que al interactuar con niños hasta llegar a la edad adulta y posiblemente después, a través de su expresión oral, su comportamiento no verbal, las actitudes y las acciones adoptadas, dan constantes muestras del valor de la propia conducta moral, lo que podría condicionar la percepción y por consiguiente, la toma de decisiones, interfiriendo en el proceso por el cual el niño, aprende a interiorizar la relación objetivo, conducta moral, situación y contexto, con el juicio moral y la conducta moral.

Esta visión nos lleva a reflexionar sobre la influencia que ejercen en la valoración que cada niño le da a la situación y al contexto, los comportamientos de los padres, educadores y la subjetiva visión de medios de difusión, por ser estos los que en determinada edad generan un mayor impacto educacional. Educando adultos, educamos a los niños.

 

Ignacio Pérez Piñero

noviembre de 2015

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